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SOS PATRIMONIO
 
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MONASTERIO DE SANTA MAR͍A DE RIOSECO.
 
Dra. Esther López Sobrado
Autora del libro “Santa María de Rioseco, el monasterio evocado”
Profesora del IES Merindades de Castilla de Villarcayo

 

Al comienzo del Valle de Manzanedo, en una ladera desde la que se divisa el río Ebro, encajonado en su discurrir por este valle que se dispone entre el anticlinal de Leva y la sierra de Tudanca, se alzan las ruinas del monasterio cisterciense de Santa María de Rioseco. Desde la carretera solo se advierte el paredón, que aún permanece en pie, de la que fue “Torre del abad”, el resto del cenobio se esconde a los ojos del visitante. Hay que abandonar la carretera y ascender por la calzada que conserva sus empedrado original para llegar a la arruinada entrada que no permite imaginar la importancia que este edificio tuvo en otras épocas.

Con frecuencia lo he definido como “un monasterio viajero” por haber estado en tres ubicaciones con anterioridad a su actual asentamiento. Hacia 1139 el rey Alfonso VII entregó el monasterio al monje Cristóbal en el término de Quintanajuar, entre Cernégula y Masa, en la provincia de Burgos. Sobre esta primera etapa no se ponen muy de acuerdo los investigadores, puesto que no se conocen datos sobre la orden a la que pertenecía Cristóbal. Años más tarde, en 1184 se trasladarán, por expreso deseo del rey Alfonso VIII, a San Cipriano Montes de Oca en la Rioja, para lo que les ofrece donaciones, con la intención de afianzar la frontera con Navarra. A los monjes nunca les gustó este lugar, por lo que en 1204 se mudaron al valle de Manzanedo, cerca de su actual ubicación, junto a un arroyo que nace en Fuente Humorera y que discurre paralelo a la carretera que conduce a San Martín del Rojo. No consultaron al Capítulo, motivo por el que el abad fue destituido. En realidad ellos deseaban asentarse en su actual establecimiento, pero en aquellos momentos les resultó imposible, por ser propiedad de la familia Velasco de Medina de Pomar. Por fin, en 1236 se trasladaron a su actual ubicación, después de la compra de los terrenos que unían la actual ubicación con la antigua. El abad dijo que una inundación había destruido el monasterio y necesitaban situarse en un lugar más alto. Pero en esta ocasión solicitaron al Capítulo permiso para su traslado. A partir de este momento el monasterio se convirtió en un importante dominio señorial, llegando a finales del siglo XIII a asentar su señorío en un círculo de unos 50 km.
 
Los siglos XVI y XVII fueron de esplendor económico, pero a partir de la segunda mitad del XVIII las cosas fueron cambiando. En la Guerra de la Independencia los soldados de Napoleón saquearon la Cilla y exclaustraron a los monjes.
 
Las desamortizaciones del siglo XIX pusieron fin a la existencia del monasterio. La desamortización de Mendizábal sacaba a la venta el monasterio con todas sus granjas, pero no se vendió en un primer momento. El 11 de abril de 1849 se produjo la venta del monasterio. Fue comprado por Francisco Arquiaga, quien inmediatamente donó la iglesia y el claustro al Arzobispado. En 1953 la familia Arquiaga cedió el resto de las ruinas del monasterio al Arzobispado. La iglesia funcionó como parroquia hasta las últimas décadas del siglo XX, este ha sido el motivo por el que la iglesia y el claustro se han conservado en un estado de ruina aceptable, mientras que el resto del monasterio ha sucumbido ante los constantes hurtos de sus piedras y la maleza que había convertido este lugar en una sucesión de imágenes del más genuino Romanticismo.
 
Afortunadamente, desde 2010 la labor de un grupo de voluntarios ha devuelto al monasterio la dignidad que el expolio y el olvido le había sustraído. Las imágenes de este breve artículo permiten ver la labor que se ha hecho hasta el momento.
 
Descripción de los elementos arquitectónicos más importantes del monasterio.
 
1.- La iglesia
Es la parte más antigua del monasterio, fechada en el siglo XIII-XIV. Su planta es de una sola nave formada por cuatro tramos. La cabecera es tripartita y recta. A los pies se dispone el Coro de los Conversos, que se sitúa en alto, por existir en esa zona roca. El interior se cubre con bóvedas cuatripartitas y la cabecera con una bóveda de ocho nervios, confluyentes en la clave. La cabecera se ilumina actualmente con tres vulgares ventanales que permitían iluminar el interior
a través del retablo principal.
Sin embargo, la primitiva cabecera gótica poseía tres ventanales apuntados que fueron cegados posteriormente, aunque se aprecia la tracería. En el muro norte de la iglesia se disponía el púlpito, el acceso a la escalera de caracol que conducía al primitivo campanario y la escalera que llevaba al órgano ubicado en una estancia tras un enorme vano, actualmente sin techumbre, lo que dificulta identificar su utilidad.
 
                             
 
 
2.- El claustro
El monasterio de Rioseco tuvo un primer claustro gótico de una única altura, como lo atestiguan las ventanas cegadas en el lado sur de la iglesia. El claustro actual es un magnífico ejemplo de arquitectura clasicista. Fue contratado en 1595 con el cántabro Juan de Naveda. En la Panda del Mandatum, al Norte, se adosa la iglesia. Al Este está la Panda de la Sala Capitular, al Sur la Panda del Refectorio, del que no queda nada, y al oeste la Panda de la Cilla. Las arquerías de estas dos últimas Pandas son las que han sufrido un deterioro mayor. En todas ellas se abrían clasicistas puertas de acceso a las dependencias, muchas de las cuales resultan difíciles de distinguir actualmente por haber sido cegadas. En la Panda de la Sala Capitular se abre el acceso a la antigua escalera principal, una bella escalera de caracol sin alma, semejante a la del Monasterio San Pedro de Cardeña de Burgos.
 
                                                                                   
 
 
3.- La Sala Capitular
La Sala Capitular es una de las estancias más importantes de cualquier monasterio, se sitúa por lo general en la panda o ala Este del claustro y es el lugar en el que a diario se reunían los monjes con el abad para leer cada mañana algún capítulo de la regla de la orden. Sobre ella se disponía el dormitorio de los monjes. Era la primera estancia en construirse y se comenzaba poco después de levantarse la cabecera de la iglesia.
 
La primitiva Sala Capitular de Rioseco era de menor altura que la actual y algo más alargada, tal y como apreciamos a través de las ventanas cegadas que daban al claustro en la primera construcción. La actual se cubre con una bóveda de terceletes, semejante a la de la Cilla. Esta obra se remataba en 1663 por los canteros Andrés Prieto, Cagigal, Lastras y sobre todo Pedro Sáinz.
 
                                
 
4.- La Cilla
La Cilla es el Granero o Bodega de los monasterios. En los monasterios cistercienses solía estar situada en el lado oeste (como ocurre en Rioseco) y acostumbraba ser de planta rectangular y abovedada.
Esta estancia, construida directamente sobre la roca, se cubre con una bóveda de terceletes muy similar a la de la Sala Capitular, si bien en esta ocasión se ejecuta a base de piedra de toba, que permite aligerar las cargas. En el intradós del arco que precede a la bóveda encontramos una fecha -1663-, que evidencia su terminación definitiva, aunque posiblemente se trate de una remodelación más acorde con el claustro actual. Por los restos de cornisa que precede a la bóveda conservada, se aprecia que, al menos, poseía dos tramos abovedados. En 2013 se ha abierto la puerta, hasta ahora cegada, que comunicaba el Claustro con la Cilla, lo que permite tener una visión mucho más atractiva de esta dependencia del Claustro.
 
                                                                                        
 
Etapas constructivas del monasterio
Resulta difícil y complicado realizar una precisa datación de las etapas constructivas del monasterio de Rioseco, porque ha sufrido constantes remodelaciones, y, sobre todo, por el estado de degradación y ruina en el que se encuentran sumidas gran parte de sus dependencias. No obstante podemos hablar de tres períodos bien diferenciados:
 
1.- Período de creación, o cisterciense, que podemos situar entre los siglos XIII-XIV. A él corresponde la iglesia del monasterio. Sabemos que en este primer momento constructivo existió un claustro, una sala capitular y un refectorio diferentes a los actuales.
 
                               
 
La arquitectura cisterciense se caracterizaba por la sobriedad ornamental, evidente en los canecillos del lado norte de la iglesia, decorados con motivos geométricos, y en los capiteles de las columnas con sencillos motivos vegetales. La iglesia se llenaba de luz blanca a través de los apuntados ventanales de la cabecera y de las ventanas que se abrían en el lado sur de la iglesia, que en este primer momento constructivo se abrían sobre el claustro de una única altura.
 
2.- Etapa renacentista/clasicista, que fechamos a finales del siglo XVI, prolongándose en las primeras décadas del XVII. Durante este período de florecimiento económico para el monasterio, se emprende un importante número de obras, entre las que citaremos la portada principal de acceso al monasterio, y galería jónica de la entrada a la Hospedería. Posiblemente de esta etapa constructiva fuera el claustro de la hospedería, aunque desgraciadamente, al no conservarse elemento alguno, es una simple hipótesis.
 
Sin duda, la obra más importante de este periodo es el nuevo claustro clasicista, cuya contratación de obra y sus trazas con Juan de Naveda tiene lugar en 1595. Estas trazas constituyen uno de los últimos trabajos de este cantero, que muere en 1601, no pudiendo, por lo tanto, concluir la obra, que guarda analogías con sus trabajos para los monasterios cistercienses de Fitero y la Oliva en Navarra. La muerte de Juan de Naveda hizo que el claustro se construyese unos años más tarde, terminándose en 1637 y 1638, fechas que aparecen grabadas en las piedras de las cornisas de las pandas Este y Norte respectivamente.                  
 
           
                                                                                 
 
3.- Etapa barroca, que fechamos en el siglo XVII, prolongándose hasta la centuria siguiente. Barrocos son algunos elementos distribuidos a lo largo de todo el monasterio. Se acometieron importantes obras en el interior de la iglesia, donde, además de puertas y decoraciones en molduras y cornisas, merecen ser destacados los dos arcos en esviaje que comunican las capillas laterales de la cabecera con la principal, realizados en 1691. Fechada también en esta etapa constructiva es la portería de la zona Norte, cuyo arco escarzano fue realizado por Pedro López Díaz en 1610, transformándose de nuevo la entrada en 1701 a través de la creación de un dintel. Barroca era también la escalera principal del monasterio, hoy inexistente, que se construyó dirigida hacia el lado sur del claustro y que permitía unir los dos claustros. Fue realizada, según Inocencio Cadiñanos Bardecci, poco después de 1770.
 
     
 
  
Reconstrucción ideal del monasterio de Rioseco
El alzado siguiente supone un intento de mostrar el aspecto que debió tener el monasterio en su momento de esplendor.
 
                                                           
 
 
              1.- Iglesia 2.- Sala Capitular 3.- Claustro de los monjes 4.- Cilla 5.- Claustro de la Hospedería 6.- Entrada principal al monasterio.
 
El monasterio de Rioseco en el momento actual
 
Gracias al trabajo de un grupo de voluntarios, el monasterio de Santa María de Rioseco ha cambiado profundamente su aspecto, siguen siendo unas ruinas a la espera de conseguir cubrir los espacios que aún permanecen en pie, pero unas ruinas queridas y respetadas, a juzgar por el importante número de visitantes que recibe, que el verano pasado superó la cifra de 4.000 personas.
 
Las siguientes imágenes son suficientemente elocuentes.
 
 
                                                                                 
 
 
 
                                                                              
 
 
 
 
                                                                         
 
Pero, en estos momentos, es necesaria la implicación de instituciones capaces de asumir el elevado coste que supone el arreglo de las techumbres de la iglesia, Cilla, así como el acondicionamiento general, puesto que el trabajo de los voluntarios a lo largo de estos años ha permitido consolidar ruinas, y permitirá realizar la cubrición de la Sala Capitular, gracias a las donaciones de particulares recibidas a lo largo de estos cinco años, pero si exclusivamente se pensara en arreglar edificio contando tan solo con estos medios, resultaría tan lento que, sin lugar a dudas, se llegaría tarde para salvar al monasterio.

 

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